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María Reiche, “la mujer que barría el desierto”

22:15 h - Lun, 8 Jun 2020

Por la voluntad que le dictó el amor a su trabajo, vivió en una choza sin agua ni electricidad durante más de 25 años. Hoy, en ese lugar hay un museo en su honor. María Reiche, arqueóloga y matemática alemana, llegó al Perú para trabajar cuidando niños en el Cusco, sin saber que en este país encontraría su verdadera vocación.

Las Líneas de Nazca hoy son Patrimonio Cultural de la Humanidad y eso es gracias a la labor de conservación que Reiche realizó en este místico lugar. Más que trabajo, para la alemana esto se volvió parte de su vida. Fue tanto así que se dedicó a barrer metro a metro los geoglifos que ocupan una extensión de 50 kilómetros. Algo que fue visto con extrañeza por los lugareños. Ella misma contó que circulaban rumores de que era bruja.

Encontró su pasión sin haberla buscado

María Reiche nació en Dresden, Alemania, el 15 de mayo de 1903. Estudió matemáticas, física y geografía en la Universidad Técnica de Dresde y Hamburgo, de donde se graduó en 1928. Cuatro años después de culminar sus estudios, se le presentó la oportunidad de cumplir su ilusión de salir de su país, y aceptó la oferta de trabajar como tutora privada de los hijos del cónsul de Alemania en Cuzco.

Fue así como llegó al Perú, casi por casualidad. Sin imaginar que sería en este país de hermosos paisajes andinos donde encontraría esa pasión que cambió su vida. De Cusco, pasó a instalarse en Lima. En la capital trabajó restaurando textiles precolombinos en el Museo Nacional de Perú y traduciendo textos para intelectuales de la época; entre ellos, dos grandes investigadores: Julio C. Tello y Paul Kosok. Trabajar con ellos motivó su interés por la arqueología peruana.

En uno de los artículos que tradujo al arqueólogo Kosok conoció la existencia de gigantescas líneas y figuras de Nazca y Palpa. Viajó por primera vez a este lugar en 1941, invitada como asistente de trabajo por el mismo arqueólogo, y quedó enamorada de este desierto del que se tuvo que separar, pero regresó para ya no más dejarlo.

Guardiana del desierto

Durante años el historiador Paul Kosok y Reiche estudiaron extensamente el suelo de la pampa de Nazca. Cuando en 1949 Kosok abandonó Perú, Reiche continuó trabajando en el que se había convertido en el propósito de su vida. Innumerables escobas gastó en aquella búsqueda infatigable por descubrir los secretos de este enigmático lugar que se ha había vuelto su hogar.

Al barrer, retiraba la gravilla oscura que con el paso de los siglos había rellenado los geoglifos. Pero no solo debía protegerlos de la intemperie, eran también los viajeros un peligro para la conservación de las líneas, quienes llegaban aquí por la cercanía con la carretera Panamericana Sur. Su sacrificado trabajo dio frutos, y consiguió que el Gobierno del Perú restringiera el acceso a la zona y construyera una torre de observación junto a la carretera para facilitar la visión de las líneas sin invadirlas.

Son 70 figuras de enormes dimensiones y más de 10000 líneas que, en su mayoría, se ubican en las llanuras de Jumana y San José, entre las actuales poblaciones de Nazca y Palpa. María Reiche plasmó su ardua investigación del día con día en la publicación “Misterio en el desierto. Un estudio de las figuras antiguas y la extraña superficie delineada”, en 1968. Esta obra significó poner las líneas de Nazca en los ojos del mundo, y desde ahí no han dejado de llegar visitantes para conocer o estudiar este árido terreno.

Calendario astronómico

Las líneas y figuras que llenan la llanura peruana datan de la época que va desde el año 200 a. C. hasta el 700 d. C., periodo en el que habitó la cultura Nazca. Según la teoría de María Reiche, los habitantes de Nazca utilizaron esas figuras como sistema astronómico, calendario de lluvias y planificación de cosechas.

Desde el inicio de sus estudios, Kosok y Reiche observaron que algunas líneas convergían hacia la salida del sol en el solsticio de invierno del hemisferio sur. Posteriormente, Reiche encontró también una alineación con el solsticio de verano y propuso que algunas figuras se correspondían con formas de constelaciones; por ejemplo, vio similitud entre el dibujo del mono y la Osa Mayor.

La matemática pasó sus últimos años viviendo en una habitación de hotel cercano a las líneas. Falleció a los 95 años en Lima. Su funeral fue el 10 de junio de 1998 en el Museo Nacional de Lima y fue enterrada en Nazca. Hasta la actualidad es querida y conocida en Perú como la "Dama de Nazca".

/KAB/

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