Cultural

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Hoy se cumplen 239 años de la cruel ejecución de Túpac Amaru II

22:55 h - Lun, 18 Mayo 2020

"Ccollanan Pachacamac ricuy auccacunac yahuarniy hichascancuta" -Madre Tierra, atestigua como mis enemigos derraman mi sangre- fueron las últimas palabras que, con gran valentía, pronunció José Gabriel Condorcánqui ante españoles y las multitudes que se habían reunido en la Plaza de Armas de Cuzco. Así fue como lo relataron Baltasar de Ocampo y fray Gabriel de Oviedo, testigos oculares del hecho.

Túpac Amaru II fue el líder indígena del mayor levantamiento en Hispanoamérica en el siglo XVIII. Esta revolución tiene sus orígenes en 1779, cuando – en su condición de cacique de Surimana, Tungasuca y Pampamarca- solicitó la abolición de la "mita" a las autoridades españolas y su voz no fue escuchada. Pero es el 4 de noviembre de 1780 cuando estalla, con la ejecución al corregidor de Tinta, Antonio Arriaga.

Doce días después, el 16 de noviembre, Túpac Amaru II promulgó la abolición de la esclavitud, desde el Santuario de Tungasuca, en la provincia cusqueña de Tinta. Esto lo convirtió en la primera autoridad en el mundo en realizar este acto de justicia social.

Tras el triunfo de sus tropas en la batalla de Sangarará y el cerco al Cusco, Túpac Amaru II fue capturado en Langui en una emboscada preparada por Francisco Santa Cruz, su compadre, en complicidad con el cura de Langui, Antonio Martínez. Micaela Bastidas, su esposa y también lideresa del movimiento, fue apresada en el camino de Livitaca con sus hijos Hipólito y Fernando. Igualmente la Cacica de Acos, Tomasa Tito Condemayta. Los traidores condujeron a los reos a presencia del Mariscal del Valle, en Tinta.

La muerte de José Gabriel Condorcanqui y su familia, en manos de los europeos, fue cruel e inhumana. Túpac Amaru fue obligado a presenciar cómo torturaban y mataban a sus seres queridos. Acto seguido, los soldados le cortaron la lengua como castigo por haber hablado en contra del rey, y ataron las extremidades del famoso jefe Inca a cuatro caballos con el fin de descuartizarlo vivo.

Esta atroz idea no se pudo concluir por lo que decidieron decapitarlo, clavar su cabeza en una lanza, despedazarlo y enviar sus cuatro miembros a cuatro ciudades diferentes: Tungusaca, Carabaya, Livitaca y Santa Rosa.

A pesar de matarlo, la rebelión de Túpac Amaru quedó en la mente y recuerdo de la población indígena. Este enorme movimiento que llenó de esperanza a los oprimidos peruanos, obligó al virreinato a ejecutar cambios en el sistema político/administrativo. Esto se tradujo en la supresión de los corregidores, instaurándose el régimen de las intendencias. Además, se creó la Audiencia del Cusco, donde se ventilaban casos de abusos en contra de los indígenas.

/KAB/

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