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CCL: Países con regulación excesiva registran altos niveles de corrupción

Los países con excesiva regulación en el ámbito laboral, empresarial, financiero y en general en la actividad productiva suelen presentar altos niveles de corrupción, pues ofrecen incentivos para incurrir en actos ilegales tanto por parte del que aplica la regulación como de aquel que es regulado. Desde una perspectiva económica la corrupción genera sobrecostos, uso ineficiente de recursos y distorsiona los incentivos de mercado, así lo afirmó el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la Cámara de Comercio de Lima.

"En un ambiente corrupto no gana el más capaz o competitivo sino el que más proclive está a cometer el acto ilegal, llamado comúnmente coima; además, a nivel institucional la corrupción socava el imperio de la ley, distorsiona la capacidad del poder Judicial para impartir justicia y reduce la predictibilidad de la misma. Por tanto, se debe perseverar en reducir y simplificar las regulaciones, particularmente en un país con excesiva regulación como Perú, para disminuir los niveles de corrupción", precisó César Peñaranda, director ejecutivo del IEDEP-CCL.

El IEDEP menciona que esta fuerte correlación regulación-corrupción se observa en países como Venezuela, Zimbabue y Haití, mientras por el contrario Nueva Zelanda, Dinamarca y Hong Kong presentan una baja regulación y baja percepción de la corrupción.

“En la reciente publicación del Índice de Percepción de Corrupción (IPC) 2017 que evaluó a 180 países, el Perú ocupó el puesto 96 con un puntaje de 37, lo que revela una muy mala calificación, no obstante que constituye una mejora respecto del 2016 cuando obtuvimos 35 como puntaje y nos ubicamos en el puesto 101°”, señaló Peñaranda.

Precisamente Perú obtuvo en el IPC 2017 puntajes sumamente bajos en tres de ocho fuentes utilizadas en la elaboración del IPC: World Economic Forum Executive Opinion Survey (25/100), IMD World Competitiveness Yearbook (25/100) y World Justice Project Rule of Law Index (30/100).

Para el economista, si bien los años 90 significaron un gran paso para el Perú en el camino de la desregulación, aún seguimos sobrerregulados y estancados.

"Debemos perseverar en desregular y simplificar los procesos de modo que sea más sencillo hacer empresa y operar de manera limpia, transparente y competitiva", anotó Peñaranda.

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